Recuerdos, Segunda Parte.

Taisa mira alrededor de la polvorienta habitación, y tras sacudir un poco la cama sin mucho éxito, se sienta en ella, y comienza a resumirle lo ocurrido a Nemesio.

– “Tuve que irme… no podía quedarme aquí más tiempo, todo me recordaba a Balthimor después de su marcha hacia las lejanas guerras santas, y no llegaban noticias suyas. Y las guerras aquí en Midgard cada día eran más duras y despiadadas, e incluso nuestros aliados comenzaban a tomar medidas que no me agradaban… Sentía que este ya no era mi lugar.

Cuando me fui… abandoné los hábitos del sacerdocio, y me uní a la Orden de paladines de la Luz de Azeroth, como tenía experiencia, continué como sanadora, pero aunque pensaba que era mi vocación, ya no me sentía cómoda con ello.

Tras largas semanas de viaje, llegué a Ventormenta, y allí me asignaron la misión de acompañar a 2 cazadores enanos, con los que viaje durante largos meses por todo Azeroth. Mientras tanto, mantenía el contacto vía postal con mis hermanas Indhara y Rachel, que decidieron de nuevo seguir mis pasos y trasladarse a Azeroth.

Cuando llegamos a Peninsula Infernal, los enanos decidieron regresar a Forjaz a visitar a sus familiares, y allí nos despedimos. Yo decidí quedarme allí, ayudando en la batalla contra la Legión ardiente.

Pero según pasaba el tiempo, cada vez era más consciente de que algo había cambiado en mí, no quería seguir limitándome a quedarme detrás sanando a los luchadores mientras miraba como transcurrían las batallas, la ira invadía mi cuerpo, y la incertidumbre de no saber que había ocurrido con mi amado era cada día mayor y aumentaba aún más mis sentimientos… y tomé una decisión, regresé a Ventormenta a consultar con mi instructor en la Catedral, y le pedí que me instruyese para la batalla cuerpo a cuerpo, para de aquella forma poder desahogar aquel dolor que me invadía. Y no me arrepiento en absoluto de ello. Fue un entrenamiento duro, ya que mi constitución como curandera era bastante débil, pero me siento mucho mejor desde aquello, y me dio el ánimo suficiente para continuar mi viaje de rumbo incierto.

Y bueno… esto es lo que ha sido mi vida en estos años…”

Nemesio la miraba con los ojos como platos.

– Quién lo hubiese pensado, la verdad, Taisa… – sonrió – Bueno… ¿y cómo que decidiste volver a Midgard?

– Pues… obviamente vengo de paso…- Su rostro se entristeció – En realidad vine porque hace tiempo que no sé nada de mi hermana pequeña, Rachel, ya sabes que ella continuó siendo sacerdotisa en Forjaz… y me temo que algo malo puede haberle sucedido. Pensé que igual alguien podría saber algo aquí… Pero… – dijo mirando a su alrededor – veo que apenas queda nada ni nadie de lo que conocía. Pasé por delante de la posada, y quise entrar a recordar… y encontré esto…

Y mientras lo decía abrió su mano, dejando ver el crucifijo que llevó Balthimor mientras fue parte del gremio de paladines de Prontera.

– Entiendo – respondió Nemesio con un hilo de voz, mientras parecía que intentaba recordar algo – Ya sabes que muchas noticias vuelan, y que nos llegan muchísimos rumores… Hace tiempo un sacerdote de Forjaz pasó también por aquí, y comentó que la mayoría de ellos habían partido a ayudar al Alba Argenta.

Tras la larga charla, se despidieron, y el bardo vió como se alejaba la paladina antes de volver a su casa, llevando con él una nueva historia que contar.

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2 pensamientos en “Recuerdos, Segunda Parte.

  1. Bueno, después de algo de tiempo, ya me decidí a continuar la historia ya que me estaba costando un poquito encontrar inspiración para esta parte. Espero que guste ^^

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